Historia de España
2º Bachillerato


II. CONSTRUCCIÓN Y CONSOLIDACIÓN DEL ESTADO LIBERAL
2. Revolución liberal en el reinado de Isabel II.



I. ANTECEDENTES: EL REINADO DE FERNANDO VII
II. EL CONFLICTO DINÁSTICO Y LA 1ª GUERRA CARLISTA
III. EL TRIUNFO DE LA REVOLUCIÓN LIBERAL. LAS REGENCIAS (1833-1843)
1. La Regencia de María Cristina
a) El nacimiento de los partidos políticos
b) El régimen liberal
c) El militarismo en la vida política

2. La Regencia de Espartero (1840-1843)

IV. EL REINADO DE ISABEL II (1843-1868)

1. La década moderada
2. El bienio progresista
3. El desmoronamiento de la monarquía isabelina

V. TRASCENDENCIA HISTÓRICA Y CONCLUSIÓN




I. ANTECEDENTES: EL REINADO DE FERNANDO VII

Las experiencias derivadas de las Cortes de Cádiz y la elaboración de la Constitución de 1812 supusieron para España la introducción de una serie de patrones políticos e ideológicos muy novedosos que dieron forma a la doctrina liberal. No obstante, pronto quedó comprobado que la aplicación práctica de dicha ideología sería prácticamente nula.
A finales de 1813, Napoleón se vio obligada a firmar la paz con España a través del Tratado de Valençay, el cual acordaba la retirada de las tropas francesas y permitía el retorno al país del legítimo rey, Fernando VII.
El regreso de Fernando VII planteaba el problema de integrar al monarca dentro del nuevo marco político derivado de la Constitución de 1812. El monarca había abandonado el país como monarca absoluto y debía volver como monarca constitucional. Por ello, el estado de duda comenzó a instaurarse entre los sectores liberales, que planearon el retorno del rey a Madrid con la intención de que jurase la constitución. En un primer momento, Fernando VII aceptó las condiciones de aquellos que gobernaron el país durante su ausencia, pero pronto mostró indicios sobre sus intenciones, alterando su itinerario y marchando a Valencia, donde un grupo de diputados absolutistas presentaron al rey su apoyo incondicional para restaurar el absolutismo a través del Manifiesto de los Persas. Convencido de la debilidad del liberalismo, el rey, traicionando sus promesas, disolvió las Cortes y declaró nula la obra constitucional. Su viaje a Madrid fue apoteósico, aclamado por incondicionales que lo llamaban el Deseado.
El reinado de Fernado VII contempló diversas fases:
-El Sexenio Absolutista (1814-1820). La derogación de la Constitución de 1812 supuso el retorno de viejos esquemas del Antiguo Régimen como la Inquisición, los privilegios estamentales, el régimen señorial, el recorte de libertades y derechos del ciudadano…Durante estos años, Fernando VII inició una feroz persecución contra los liberales, traducida en detenciones, asesinatos o exilios hacia el extranjero. La oposición a la nueva situación no tardó en llegar, manifestada a través de pronunciamientos militares liberales.
-El Trienio Liberal (1820-1823). En enero de 1820, el levantamiento del coronel Rafael de Riego en Cabezas de San Juan, Sevilla, al mando de un regimiento cuyo destino era América, provocó la conversión de Fernando en monarca constitucional. Ello supuso la restauración de gran parte de las reformas de Cádiz (libertad de industria, abolición de gremios, supresión del régimen señorial, iniciativas desamortizadoras, abolición del mayorazgo…). Las reformas contaron con las continuas trabas del monarca y los sectores absolutistas. En 1823, las potencias europeas absolutistas decidieron intervenir militarmente en España. La Santa Alianza cumplió las peticiones de Fernando VII y encargó a Francia intervenir en España mediante un grupo de cien mil soldados (los 100.000 Hijos de San Luis), que, al mando del Duque de Angulema, repusieron a Fernando VII como monarca absoluto.
-La Década Ominosa (1823-1833). El rey declaró la ilegalidad de los actos del gobierno liberal, abolió de nuevo la Constitución e inició una dura persecución contra los liberales. Entre ellos encontramos célebres víctimas como Riego, Mariana Pineda, Juan Martín el Empecinado o el general Torrijos.

II. EL CONFLICTO DINÁSTICO Y LA PRIMERA GUERRA CARLISTA

La muerte sin descendencia masculina de Fernando VII generó un conflicto en la sucesión al trono español, basado en la distinta interpretación de las leyes sucesorias. La Ley de Partidas, que permitía el acceso femenino al trono, había sido abolida por Felipe V en 1713, sustituyéndola por la Ley Sálica, de origen francés, que impedía el acceso al trono de las mujeres. En 1830, Fernando VII hizo pública la Pragmática Sanción, año del nacimiento de su hija, futura Isabel II, que restablecía la costumbre del régimen de las Partidas y abría el camino al trono a su hija y heredera.
El hasta entonces príncipe heredero y hermano del rey, Carlos María Isidro, no aceptó la nueva situación y reclamó su derecho al trono del país. Surgió así el Carlismo, fuerza de oposición que estará presente a lo largo de todo el siglo XIX y la principal traba al buen funcionamiento de la doctrina liberal. Tras la muerte de Fernando VII, la tensión política derivó en una prolongada guerra civil conocida como Primera Guerra Carlista.
La guerra civil no fue sólo una lucha por una sucesión legal al trono de España, sino una verdadera confrontación entre absolutismo y liberalismo. Alrededor de Don Carlos (con el lema “Dios, Patria, Fueros”) se agrupaban las fuerzas partidarias del Antiguo Régimen, aristócratas, miembros del ejército, eclesiásticos, campesinos…mayoritariamente de aquellas zonas donde persistían tradiciones forales: País Vasco, Navarra, Bajo Ebro o Cataluña. Por su parte, María Cristina, reina regente hasta que llegase la mayoría de edad de Isabel, buscó el apoyo de los sectores más liberales, asentados en núcleos urbanos y que se surtían de clases medias ilustradas, burguesía de negocios, artesanos, pequeños comerciantes, campesinos sin tierras, algunos miembros del ejército.
En 1833 murió Fernando VII, reafirmando en su testamento a su hija Isabel. Ese mismo día, Don Carlos se proclama rey y se inicia un levantamiento absolutista en el norte de España, iniciándose así la Primera Guerra Carlista.

*Fases de la guerra
-1ª fase (1833-1835). Durante esta etapa los carlistas llevaron la iniciativa ininterrumpidamente. Así comenzaron su expansión por Aragón, Cataluña y Valencia. No obstante, la muerte del general Zumalacárregui, supuso un duro revés para el bando carlista, que no pudo unir los territorios bajo su control. Don Carlos encontró apoyo internacional entre las potencias absolutistas (Rusia, Prusia o Austria), mientras que los liberales fueron apoyados por Inglaterra, Francia y Portugal.
-2ª fase (1836-1837). Las esperanzas carlistas decayeron tras el fracaso de la expedición real sobre Madrid. La guerra se hizo más cruda en el Maestrazgo, bajo las operaciones del general carlista Ramón Cabrera.
-3ª fase (1838-1840). Estuvo marcada por la división ideológica del carlismo, incapaz ya de conseguir por las armas el trono para su candidato. Un grupo de ellos, llamados transaccionistas, eran partidarios del acuerdo con los liberales, mientras que los intransigentes abogaban por continuar con la guerra. El general Maroto, jefe de los transaccionistas permitió los acercamientos entre las fuerzas enfrentadas y firmó con el general liberal Espartero, el Convenio de Vergara. Con dicho acuerdo, los carlistas aceptaban a Isabel como futura reina de España. A cambio, los vencedores apoyaban la confirmación de los fueros vasco-navarros.

III. EL TRIUNFO DE LA REVOLUCIÓN LIBERAL. LAS REGENCIAS (1833-1843)
La minoría de edad de la infanta Isabel transcurrió bajo las regencias de la reina María Cristina de Borbón (1833-1840) y del general Baldomero Espartero (1840-1843).

1. La regencia de María Cristina.
El primer gobierno de la regente fue confiado a Cea Bermúdez, que apenas aspiraba a restaurar el viejo sistema del despotismo ilustrado, dejando intactos los cimientos de la monarquía absoluta. Ello causó un fuerte descontento entre los liberales, que sugirió a la reina la necesidad de profundizar más en el camino liberal si pretendía contar con una alianza que le hiciera fuerte contra el enemigo del Carlismo. Este esfuerzo por acercarse al liberalismo se materializó en la llamada al gobierno del liberal “doceañista” Martínez de la Rosa.
a) El nacimiento de los partidos políticos
Las fuerzas políticas del momento fueron cristalizando en los incipientes partidos políticos. Siendo ambos partidos liberales, discrepaban en cuanto a la profundidad con la que se debían aplicar las reformas:
-El Partido Moderado pretendía una reconciliación con las antiguas clases dirigentes. Defiende una soberanía nacional que emana de las Cortes y el Rey, un poder legislativo bicameral (Senado integrado por miembros elegidos por la Corona y Congreso elegido por sufragio censitario), un Estado centralizado y un poder ejecutivo fuerte.
-El Partido Progresista defiende una soberanía nacional que emana de las Cortes, acepta el papel moderador de la Corona, un sistema legislativo bicameral, un cuerpo electoral más amplio, amparan la libertad de prensa y abogan por la democratización de los ayuntamientos.
b) La implantación del régimen liberal
El triunfo del régimen liberal fue difícil debido a la falta de coherencia entre los propósitos de renovación y la estructura social del país. La implantación de la nueva doctrina, pese a las trabas, se llevaría a cabo a través de dos realidades: el Estatuto Real de 1834 y la Constitución de 1837.
El acercamiento al liberalismo moderado fue llevado a cabo por Francisco Martínez de la Rosa, que promulgó el Estatuto Real de 1834. En él se plasmaba un modelo político basado en la soberanía de dos instituciones: el Rey y las Cortes, divididas en dos Cámaras: de Próceres, que reunía a obispos, arzobispos, propietarios…nombrados por el Rey; y de Procuradores, formada por miembros elegidos por sufragio censitario. El Estatuto dotaba al Rey de iniciativa legal, y, aunque sirvió para poner freno al absolutismo, limitaba el acceso al Parlamento a aquellas capas “responsables” de la sociedad, marginando a la inmensa mayoría.
A pesar de los logros del Estatuto, se echaban de menos principios como la soberanía nacional, el reconocimiento de derechos individuales…y pronto se hizo evidente la insuficiencia de estas reformas. Entre 1835 y 1836, numerosas revueltas se sucedieron contra el gobierno, dando lugar a la formación de Juntas Locales y Provinciales, que presionaron a la reina para que llamase al gobierno a los liberales más radicales, con Juan Álvarez de Mendizábal, impulsor de la desamortización, a la cabeza.
La presencia del liberalismo progresista en el poder llevó a la liquidación del Estatuto Real y a la promulgación de la Constitución de 1837. El nuevo texto aprobaba el principio de soberanía nacional y reflejaba una amplia declaración de derechos del ciudadano (prensa, opinión, asociación...).Las Cortes se estructuraban en dos cámaras: el Senado, cuyos miembros son nombrados por el Rey a propuesta de los electores, y el Congreso, cuyos diputados son elegidos por sufragio censitario para tres años. Las Cortes comparten la acción legislativa con la Corona, que conserva el derecho a veto y a disolver las Cortes. El éxito principal de la Constitución de 1837 fue lograr el equilibrio entre las Cortes y la Corona. Ésta última personifica el poder ejecutivo y se encarga de mediar en caso de conflicto. El poder judicial recae en los tribunales de justicia.
Otra de las novedades derivadas del nuevo texto constitucional fue la Ley de Ayuntamientos de 1840, que otorgaba a los pueblos la responsabilidad para elegir a sus alcaldes.
c) El militarismo en la vida política.
Jaime Balmes, uno de los mayores exponentes del pensamiento español del siglo XIX llegó a afirmar que el poder civil no era flaco por el militar fuese fuerte, sino que el poder militar era fuerte por el civil era débil. Lo cierto es que la intervención del ejército en la vida pública se convirtió en un arma decisiva para las revoluciones políticas. Su peso en la vida política era de notable relevancia desde que se convirtió en la única garantía para preservar el trono de Isabel II contra los carlistas. El pronunciamiento militar sirvió como forma de presión contra el poder establecido e inundó de militares (Narváez, Espartero, O´Donnell, Prim) la nómina de representantes políticos durante el reinado de Isabel II.
2. La regencia de Espartero (1840-1843)
La victoria moderada en las elecciones de 1837 les dejó vía libre para modificar algunos de los elementos más progresistas de la Constitución de 1837. En 1840, los moderados prepararon una ley electoral aun más restrictiva y suspendieron la Ley de Ayuntamientos. Las nuevas reformas moderadas, que contaban con el apoyo de la reina María Cristina, motivaron numerosos movimientos insurreccionales progresistas. La regente, antes de dar su apoyo a un gobierno progresista, decidió dimitir, ocupando el trono regente el general liberal Espartero, abalado por su carisma popular derivado de la 1ª guerra carlista.
Durante estos años, Espartero intentó consolidar el régimen mediante el desarrollo de la Constitución. No obstante, su dificultad para cooperar con las Cortes, su aislamiento político y la oposición de los moderados crearon un continuo clima de inestabilidad. En 1842, Espartero aprobó un arancel que abría el mercado español los tejidos de algodón ingleses. Ello provocó un levantamiento popular en Barcelona, protagonizado por burgueses del sector textil y ciudadanos que veían peligrar sus puestos de trabajo. Espartero consiguió la sumisión de la ciudad mediante un bombardeo, haciendo crecer su impopularidad y poniendo a un notable sector progresista en su contra. Desde ese momento, surgió un movimiento conspirativo de oposición al regente, encabezado por Ramón García Narváez, que consiguió la dimisión de Espartero. En 1843 Espartero marchó al exilio, y las Cortes decidieron adelantar la mayoría de edad de Isabel II, proclamándola reina a los 13 años.

IV. EL REINADO DE ISABEL II (1843-1868)
Desde la caída de Espartero y la proclamación como reina de Isabel II, los moderados se hicieron con el poder con el total apoyo de la Corona. Este período, de signo conservador, supuso la consolidación del régimen liberal de los moderados, que, con breves interrupciones, gobernarían el país hasta 1868.
1. La década moderada (1844-1854)
Las nuevas Cortes, abiertas en 1844, tenían una mayoría abrumadora de moderados. Al frente del nuevo gobierno se situó el general Narváez, principal responsable de la gestación de las nuevas bases del Estado moderado. Este liberalismo conservador, reformó el estado a favor de las clases dominantes y consiguió restringir la participación política a un escogido número de propietarios y rentistas (“clases respetables”). Durante esta década, la política moderada giró en torno a tres objetivos: elaborar un nuevo marco constitucional, normalizar las relaciones con la Iglesia y reformar la Administración pública.
a) La Constitución de 1845.
La nueva obra constitucional plasmaría los ideales del moderantismo, entre ellos el rechazo de la soberanía nacional, que se sustituye por una soberanía compartida por el Rey y las Cortes. La Corona, al frente del poder ejecutivo, ve ampliadas sus prerrogativas (nombramiento y separación de ministros, disolución de Cortes, promulgación de leyes, declaración de guerra y ratificación de paz…). Las Cortes, que comparten con el rey el poder legislativo, se componen de dos Cámaras, Senado (cuyos miembros, nombrados por el rey, pertenecen a la nobleza o el clero y poseen una elevada riqueza personal y tienen cargo vitalicio) y Congreso de los Diputados, cuyos representantes son nombrados por sufragio censitario y directo, para un período de 5 años.
Los artículos del nuevo marco legal recogen aspectos como la exclusividad de la religión católica, la restricción del sufragio, la supresión de la Milicia Nacional, y una declaración de derechos heredada de la Constitución de 1837, que con leyes posteriores quedó notablemente restringida.
b) El Concordato de 1851.
Los moderados intentaron mejorar sus relaciones con la Iglesia, institución que había mostrado su apoyo al Carlismo como consecuencia de las reformas progresistas y muy especialmente debido a la desamortización y la supresión del diezmo. A través de un Concordato con la Santa Sede, España ratificó la unidad católica y la confesionalidad del Estado, suspende la venta de bienes eclesiásticos, concedió protección civil a la Iglesia y reconoció su intervención en la enseñanza.
c) Las reformas administrativas.
El liberalismo moderado emprendió una labor de centralización política, que favoreciera el control de la Corona sobre la Administración Pública. A este propósito responderían algunas de las medidas llevadas a cabo:
-Creación de la Guardia Civil (1844). Con el propósito de mantener el orden público, la vigilancia de la propiedad privada, la lucha contra el bandolerismo y la represión de las revueltas.
-Disolución de la Milicia Nacional (1845), contemplada por los moderados como un peligroso cuerpo armado bajo la influencia y el control de los liberales más radicales.
-La ley de Organización de los Ayuntamientos(1845), que reservaba a la Corona la designación de los alcaldes de los municipios de más de 2000 personas y de las capitales de provincia. Los alcaldes del resto de municipios serían nombrados por el gobernador civil.
-La reforma del sistema tributario (1845), ideada por Alejandro Mon y Ramón de Santillán, que propuso un sistema de impuestos más equitativo y uniforme, suprimiendo las particularidades regionales. Ello favoreció los ingresos del estado y la inversión en infraestructuras y servicios públicos.
-Regulación del sistema de instrucción pública (1845), creando diferentes niveles de enseñanza y elaborando planes de estudios.
-Creación de una ley electoral aún más restrictiva, por la cual sólo podía votar el 0,8 % de la población española.
-Elaboración de un nuevo Código Penal (1848).
En resumen, se creó una estructura piramidal jerarquizada, en la que cada provincia dependía del poder central en Madrid. Sólo País Vasco y Navarra mantuvieron algunos de sus derechos forales, por temor a un nuevo levantamiento carlista.
-La caída del régimen moderado
Durante los diez años de gobierno moderado, los fuertes poderes otorgados a la Corona y al poder ejecutivo provocaron un modelo político corrupto, arbitrario y plagado de escándalos financieros, basado en “camarillas” (grupos cercanos a la Corona que buscaban el favor real) que dejó a las Cortes al margen de la vida parlamentaria. Al margen del juego político, quedaban fuerzas de escasa influencia como el Carlismo o el joven Partido Demócrata, que evolucionó hacia posturas republicanas.
Debido a esta situación, se fue creando un clima de descontento que desembocó en un levantamiento protagonizado por progresistas y algunos moderados, que renegaban del ultraconservadurismo de su partido. Esta unión provocó el pronunciamiento de Vicálvaro, (Vicalvarada), encabezado por Leopoldo O´Donnel y expresado en el Manifiesto de Manzanares redactado por Cánovas del Castillo. En él se reclamaba el cumplimiento de la Constitución, la reforma de la Ley electoral, reducción de impuestos y la restauración de la Milicia Nacional. A dicho alzamiento se unieron jefes militares y grupos civiles en diversas ciudades, provocando que la reina llamase de nuevo a formar gobierno a Espartero: la revolución había triunfado, provocando la caída de los moderados.

2. El bienio progresista (1854-1856)
El gobierno progresista sería el encargado de intentar restaurar el régimen constitucional de 1837. Para ello se emprendieron varias reformas:
-Se elaboró una nueva Constitución en 1856, que no llegó a ser promulgada (nonata-no nacida), basada en el espíritu liberal que dio forma a la de 1837. En ella se contemplaba la restauración de la Milicia, la ampliación de las libertades individuales, un sistema bicameral…
-Se reanudaron las medidas desamortizadoras, en este caso de la mano del ministro Pascual Madoz, que continuaba los planes de Mendizábal años atrás. Sus objetivos fueron saldar la deuda pública del estado y la inversión en obras públicas. Ello provocó la ruptura de relaciones con la Iglesia.
-En 1855 el gobierno del Bienio elaboró la Ley General de Ferrocarriles, que regulaba su construcción y ofrecía subvenciones a aquellas empresas que intervinieran. Los mayores beneficiados fueron capitales extranjeros que acudieron en abundancia al mercado español.
-La Ley bancaria y Ley de Sociedades de Crédito, aprobada en 1856, y que supuso el punto de arranque del sistema bancario español.
El bienio Progresista fue un período de fuerte conflictividad social. Las reformas progresistas no lograron poner fin a la crisis económica, a las malas condiciones laborales, a los bajos salarios…lo que provocó una serie de levantamientos y la movilización de una huelga general en 1855, en la que la clases obreras reclamaron bajadas de impuestos, la abolición de quintas o la reducción de la jornada laboral. Las movilizaciones populares provocaron la crisis en el gobierno, tras la cual Isabel II confió el gobierno a O´Donnell, quien reprimió duramente las protestas.
3. El desmoronamiento de la monarquía isabelina (1856-1868)
Tras un breve gobierno de O´Donnell, los dos años posteriores al bienio progresista supusieron un retorno al moderantismo, de la mano del general Narváez. No obstante, en 1858, el general O´Donnell respondió con la creación de un partido de centro conocido como la Unión Liberal, que logró devolver cierta estabilidad política al país con un marcado signo conservador.: vuelta a la Constitución de 1845, interrupción de la desamortización, anulación de la libertad de imprenta…
Con el objetivo de desviar la atención de los problemas internos, la Unión Liberal llevó a cabo una agresiva política exterior materializada en expediciones militares en Indochina (1860-1863), México (1861-1862) o Marruecos (1859-1861), que permitió incorporar Sidi Ifni y ampliar la plaza de Ceuta.
En 1863, los levantamientos, la crisis económica que afectaba a la agricultura, la pesca y las finanzas, junto con la oposición de progresistas, demócratas y republicanos, provocaron la caída de O´Donnell. El régimen moderado llegó a un agotamiento, y sus últimos gobiernos estuvieron marcados por un fuerte autoritarismo al margen de las Cortes y los partidos políticos. El descontento se apoderó de amplios sectores de población, que se pusieron de acuerdo en la necesidad de dar un giro a la sociedad, no ya con un simple cambio de gobierno, sino derribando los mismos cimientos de la monarquía isabelina. En 1866 progresistas y demócratas exiliados firmaron el acuerdo a favor del destronamiento de la reina en el Pacto de Ostende
V. TRASCENDENCIA HISTÓRICA Y CONCLUSIÓN
La firma del pacto supuso el paso previo a la Revolución de 1868 (“la Gloriosa”), que abrió un período de reforma política y social que sanearía el sistema político. Atrás quedaron los años del reinado de Isabel II, que si bien estuvieron contaminados por la inestabilidad, elementos desestabilizadores como el Carlismo y los alzamientos militares, acogieron un proceso de construcción y consolidación del régimen liberal burgués que permitió a España equipararse a los modelos políticos de la mayoría de los países europeos.